
Mientras que el frío otoño ya se posó sobre la ciudad, una especial y tibia mañana fue el marco preciso para recorrer las calles de Santiago. Y no como una caminata cualquiera, sino que como una corta peregrinación de alto alcance interior. Efectivamente, Guardián del Templo visitó una preciosa exposición de lo más sagrado del arte Budista. Organizada por el internacional Proyecto Maitreya y albergada en el Instituto Cultural de Providencia, decenas de objetos únicos fueron expuestos en un circuito circular en torno a un gran altar budista, donde la prolijidad del rito, la atmósfera de respeto y el profundo sentido de gozo dejaron un bello darshana a los visitantes.
Esta exposición lleva viajando por el mundo varios años. Su larga procesión tiene como metas fundamentales difundir el Dharma y recolectar recursos para la construcción del santuario budista más grande del planeta, al noreste de la India, en la ciudad de Kushinagar, Uttar Pradesh, (más info en: http://www.youtube.com/watch?v=PoTST0aB_M8). Este constará de una gigante estatua del Buda Maitreya, que en su base albergará en un museo reliquias de Buda (Ringsels) y otros objetos sagrados de la tradición budista tibetana. Con un gran parque como entorno, el Proyecto Maitreya también se dedicará a la educación de niños en la India, quienes recibirán educación convencional y espiritual. El proyecto es ambicioso, quiere transformar en este santuario en un icono de la paz universal como también homologarse con creaciones humanas como las pirámides egipcias, Macchu Picchu, Stonedge, entre otras infraestructuras de similar tamaño y simbolismo.
La exposición
Bueno, tras ubicarnos en el tiempo y el espacio de los organizadores de la exposición, podemos ingresar de lleno a ella. Ubicado en el centro del escenario de un salón del instituto un Buda de un metro de alto reposa su mirada frente a una alfombra roja, la cual sirve para aproximarse a él y a los objetos en exhibición. En una actitud de silencio el visitante se forma para rendirle reverencia al altar, bañando con agua a un Buda pequeño, para luego circular en torno a unas vitrinas que contienen unas perlas llamadas Ringsels, que son ni más ni menos que unas joyas emanadas de las cenizas del mismo Buda y otros importantes maestros budistas cremados. Estar perlas –sostienen los organizadores- poseen la virtud de entregar compasión a quienes las observan, evocando las enseñanzas del Dharma y la energía de los seres de quienes provienen. Estas pequeñas piedrecillas son preciosas y minúsculas, expuestas en stupas de vidrio u oro (según el rango del maestro). La oración y la actitud de los monjes organizadores y presentes sorprenden. Muchas postraciones y rezos rodean a estas reliquias.
Impresiones
Así es. Quizás en cuanto tiempo más vamos a tener la oportunidad de ver semejante colección. Es valiosa por sus formas y materiales, pero por sobre todo por su carga mítica. La exposición sin duda que es una de esas que no olvidamos fácilmente. Es una pena que tuviese tan poca difusión pero para quien estuvo atento, o mejor dicho con “atención de vigía en tiempos de guerra” pudo darse un lujo entre tanta actividad cernida al materialismo y lo superfluo.
Nos vemos!!!
Esta exposición lleva viajando por el mundo varios años. Su larga procesión tiene como metas fundamentales difundir el Dharma y recolectar recursos para la construcción del santuario budista más grande del planeta, al noreste de la India, en la ciudad de Kushinagar, Uttar Pradesh, (más info en: http://www.youtube.com/watch?v=PoTST0aB_M8). Este constará de una gigante estatua del Buda Maitreya, que en su base albergará en un museo reliquias de Buda (Ringsels) y otros objetos sagrados de la tradición budista tibetana. Con un gran parque como entorno, el Proyecto Maitreya también se dedicará a la educación de niños en la India, quienes recibirán educación convencional y espiritual. El proyecto es ambicioso, quiere transformar en este santuario en un icono de la paz universal como también homologarse con creaciones humanas como las pirámides egipcias, Macchu Picchu, Stonedge, entre otras infraestructuras de similar tamaño y simbolismo.
La exposición
Bueno, tras ubicarnos en el tiempo y el espacio de los organizadores de la exposición, podemos ingresar de lleno a ella. Ubicado en el centro del escenario de un salón del instituto un Buda de un metro de alto reposa su mirada frente a una alfombra roja, la cual sirve para aproximarse a él y a los objetos en exhibición. En una actitud de silencio el visitante se forma para rendirle reverencia al altar, bañando con agua a un Buda pequeño, para luego circular en torno a unas vitrinas que contienen unas perlas llamadas Ringsels, que son ni más ni menos que unas joyas emanadas de las cenizas del mismo Buda y otros importantes maestros budistas cremados. Estar perlas –sostienen los organizadores- poseen la virtud de entregar compasión a quienes las observan, evocando las enseñanzas del Dharma y la energía de los seres de quienes provienen. Estas pequeñas piedrecillas son preciosas y minúsculas, expuestas en stupas de vidrio u oro (según el rango del maestro). La oración y la actitud de los monjes organizadores y presentes sorprenden. Muchas postraciones y rezos rodean a estas reliquias.
Impresiones
Así es. Quizás en cuanto tiempo más vamos a tener la oportunidad de ver semejante colección. Es valiosa por sus formas y materiales, pero por sobre todo por su carga mítica. La exposición sin duda que es una de esas que no olvidamos fácilmente. Es una pena que tuviese tan poca difusión pero para quien estuvo atento, o mejor dicho con “atención de vigía en tiempos de guerra” pudo darse un lujo entre tanta actividad cernida al materialismo y lo superfluo.
Nos vemos!!!
PS: Estos sitios hablan mas y mejor del proyecto:
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